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Eché varias flores secas, trituradas con la mano, de la misma forma que se le echa sal a una ensalada. Y pensaba "Estas son muchas semillas... a ver si me he pasado"
Su crecimiento fue lento, demasiado lento, hasta tal punto que lo dejé por imposible, y casi pensar que no había tenido fruto.
La técnica que apliqué para su tratamiento era regar el tiesto de dos formas simultáneas:
- Durante las primeras semanas por la superficie a base de un aspersor.
- Riego por inmersión.
Pasaron los días y las semanas, y con ellas los meses. No le faltó de nada... ni sol, ni agua ni humedad, ni frío ni calor... todo en la justa medida que tenía entendida.
Entonces empecé a pensar que no había futuro de vida en la tierra, que algo había hecho mal... tal vez la porosidad, tal vez una tierra demasiado oxigenada... tal vez el ambiente, tal vez el polvo... ya las posibilidades se iban desvaneciendo... pero siempre me quedó la esperanza.
Al cabo de unos cuantos meses, ¡ahí empezaron a aparecer!... unos pequeños brotes verdes, muy intensos, y de crecimiento muy despacio.
Aquí ya están bien crecidas, y la verdad es que me sorprendió el crecimiento tan repentino... repentino en el sentido de que todas a la vez, que después de un tiempo sin actividad, prácticamente todo el tiempo sin actividad, de pronto aparecen estos pequeños especímenes verde brillante.
Continuará...

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